Galeria de arte consultores Bogota

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GALERÍA ARTE CONSULTORES
2008

LABERINTOS
Jorge Cavelier,
Pinturas y esculturas de Jorge Cavelier
desde agosto 14 a septiembre 4 de 2008




BOSQUES LABERINTO
Por Jorge Cavelier

Sumergido en el bosque de niebla, en un instante extravié el oriente. La rosa de los vientos se abrió equivocada. Dejé ir entonces los pasos erráticos hacia lo profundo de un laberinto natural. Envuelto en una nube como manto blanco sutil, vi las huellas borrarse; los árboles no dejaban memoria y el hilo de Ariadne se rompía a cada giro. Alli me sentí en un lugar equidistante a todas las salidas, en el centro de una esfera luminosa. Fué así como realicé que todos los bosques son en algún momento, redondos, arquitectura natural construida para extraviarse. Cautivo de un lugar sin muros, llegué a sentir una intoxicante sensación de libertad. El universo se reveló sin conjeturas, esquemas o principios. Volé sin alas en éxtasis de luz, rozando el oro de líquenes brillantes, sin referencia topográfica ni reloj al pulso, sintiendo cada centímetro de piel, besando por primera vez el aire…

Los bosques redondos pintados y dibujados, esculpidos o dorados, nacieron del lugar vacío que me acogió como vientre tibio en aquella experiencia. El círculo central penetrable que queda en estas imágenes, es el encuentro de la conciencia, la quietud total, el estado de silencio absoluto, la ausencia de forma; es el contacto directo con el Ser. La vegetación que lo circunda se despliega desde ese vacío y ha sido destilada de mis manos fervientes que saben tocar el bosque con deleite íntimo y lo conocen sin definirlo.

Las esculturas de los laberintos resultaron de la visión abstracta de planos alternos, a manera del teatro, donde el movimiento de velos y telones hacen el cambio de las escenas, descubren y ocultan personajes o situaciones. Los materiales metálicos, plásticos y de cristales, emulan en el paisaje, la transparencia y los reflejos del agua que envuelve, baña, limpia, el bosque de niebla. Las esferas minerales (que contienen la memoria de cataclismos anteriores al conocimiento humano), aluden a la presencia atemporal del espíritu. Cada espacio y separación entre los elementos presentes dicen del silencio que envuelve cada conjunto.

Quien observa las obras hace un corto recorrido, llega al extravío por un lapso indefinido, para descubrir el centro de sí mismo. Después de experimentar un momento de paz, retorna a las formas de pensamiento, al mundo racional, al mapa cotidiano de la propia realidad. Logra así impulsar el péndulo de la existencia, haciéndolo oscilar entre el extravío y la orientación: al tocar la inercia al final de cada extremo, un portal de conciencia hacia la luz se abre.

 

INICIACION EN EL LABERINTO DEL BOSQUE

Por Adriana Herrera
Jorge Cavelier mira el universo con el lento asombro que exige su oculta maravilla. De esa quietísima exaltación que siente mirando las posibilidades de juego y transformación de los elementos naturales --el rocío que se desvanece bajo el sol, la niebla cargada de humedad que vela los contornos de los bosques-- provienen sus paisajes. Por eso, más que figuraciones sobre el mundo, son espejos de estados íntimos que pinta de principio a fin, como un génesis completo. Empieza con manchas de color que van de la forma abstracta a la definición de una ladera agreste o de un escondido manantial que se nos revelan con el poder de un instante de percepción irrepetible.

"Sumergido en el bosque de niebla, en un instante perdi el oriente... Me adentré con pasos erráticos hacia lo profundo de un laberinto natural... no quedaron huellas, los árboles se extraviaron en la memoria, el hilo de Ariadna se rompia en cada giro", escribe. La evocación es literal: en un punto de sus incursiones en los bosques tuvo la sensación de que "estaba en un lugar equidistante de todas las salidas, en un estado atemporal, en el centro". Comprendió que, como espacio de meditación, todos los bosques son redondos, parajes laberínticos que llevan a quien los recorre desde el silencio "a la percepción de un vacío que al tiempo es semejante a una esfera luminosa donde todas las formas se reflejan".

Cavelier busca también "una doble figuración": un tránsito de vuelta que lleve de lo más sólido e impenetrable, a lo más sutil, a lo casi invisible. Por eso usa láminas de plexiglás, un material que semeja al agua y talla el perfil de bosques redondos en cuyo centro abre un círculo vacío. Cada laberinto está instalado sobre una superficie de granito que reproduce el efecto del ónix, al que los aztecas consideraban un espejo ahumado. De este modo, todos los bosques se reflejan en el granito como sobre la oscura superficie de los ríos profundos.

Mientras el paso de la madera al metal a través del fuego, simboliza lo permanente, la transición del metal al agua le recuerda lo impermanente. También el arte es un espejismo de agua y para perderse o encontrarse en sus laberintos hay que sumergirse del todo en ellos. Eso es lo que exige la iniciación en el laberinto de los bosques de Jorge Cavelier.

Cristina Ochoa

ARTISTAS PARTICIPANTES 2008
Victor Albarracin, Juan Pablo Echeverri, Lorena Espitia, Lore Ezpeleta, Lorenzo Freydell, Juan Carlos Haag, Camila Lemoine, Alexandra McCormick, Jessica Murcia, Santiago Monge, Gabriela Pinilla, Ximena Velasquez, Johanna Villamil

Septiembre 11 a Octubre 2
Santiago Montoya

Octubre 9 al 30
Tata Navi
a

Noviembre 6 al 27
Carlos Nariño

Diciembre 4 al 24
Colectiva de artistas de la galería

Informes:
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Tel./Fax: 57 1 530-0339
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